María José Alaminos | DIRIGIR PERSONAS ES COMO ADIESTRAR GATOS.
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DIRIGIR PERSONAS ES COMO ADIESTRAR GATOS.

DIRIGIR PERSONAS ES COMO ADIESTRAR GATOS.

¿Alguno de vosotros ha tenido alguna vez un gato? Me planteo esta pregunta releyendo el libro de Warren Bennis “DIRIGIR PERSONAS ES COMO ADIESTRAR GATOS” de hace ya unos cuantos años pero aplicable también a hoy en día y que me sirve para este post.
Bien pudieran decir que es un animal muy mimoso, interesado, independiente y cariñoso y aunque en distinta manera diferente a un perro, también fiel.
Pues en esto radica la esencia del liderazgo, hoy más que nunca, dirigir personas es como pastorear gatos. Y los gatos, no se dejan pastorear ni adiestrar. Los gatos, sin embargo, pueden ser persuadidos, halagados, convencidos, adorados y dirigidos con mucha suavidad. Con los gatos mantenga en su mente la idea de que “él lo hará como le parezca”. Han pasado los días en que los líderes y gestores podían darse el lujo de pensar sobre las personas en términos de bandas y grupos, bases de datos y cifras demográficas, masas y mercados, culturas y castas.
En los libros o cursos sobre liderazgo no dejamos de hablar de los atributos que debe tener un líder, y con esto me reafirmo en lo que decía Ana Karenina, existe una esencia en el liderazgo: “Todas las familias felices se parecen entre sí. Todas las familias infelices tienen sus propias peculiaridades”. Todo esto es fundamental pero no menos que comprender que cada uno de los miembros de nuestro equipo es único y a cada uno deberemos de dar la “medicina que necesita”. En ocasiones serán esos gatos que hay que persuadir y en otras ocasiones serán gatos que hay que regañar.
Siempre me ha interesado observar a las personas y su comportamiento en grupos, de ahí que decidiera estudiar sociología y más tarde seguir por el campo de los RR.HH., de esto hace ya algunos años. Creo que el campo que más interés me ha despertado ha sido el liderazgo, en el sentido más amplio del término porque desde que nacemos siempre tenemos gente que nos dice cómo debemos hacer las cosas: padres, hermanos mayores, maestros, etc. Aprovecharme, a través de la observación, de la experiencia de los grandes líderes que tengo a mi alrededor porque ya lo decía Aristóteles en su Ética que escribió que : “Si quieres comprender la virtud, observa la conducta de los hombres virtuosos”.
Fue en la universidad donde decidí conducir mi camino profesional hacia este campo y empecé a trabajar en diferentes investigaciones con gestores, líderes de diferentes empresas del territorio nacional y de la universidad, no conocía mucho sobre el liderazgo y pensaba que gestionar un equipo era lo mismo que liderarlo pero no. Sirva esto de ejemplo: en el lenguaje de los signos, la palabra gestión se simboliza colocando las manos como si se estuviese reteniendo las riendas de una caballo o frenando algo. Y el signo para la palabra liderar, dirigir, se simboliza colocando los brazos como si estuviese acunando un niño.
Las 10 características de los líderes que todo experto defiende es que se conocen a sí mismos, mantienen una actitud abierta ante la retroalimentación, muestran verdadera ansia por aprender a mejorar, son curiosos y están dispuestos a asumir riesgos, actúan con un alto grado de concentración en el trabajo, aprenden de las adversidades, saben equilibrar tradición y cambio, implantan un estilo de gestión abierto, saben trabajar bien con los sistemas y sirven como modelos y mentores, aparte de otra serie de habilidades como la empatía, la asertividad, etc.
Yo añadiría algo que a mí me parece fundamental, pero no sólo para un líder, sin para cualquier miembro de una organización y ser capaces de asumir que también cometemos errores, Ernest Hemingway dijo que el mundo nos modela y que crecemos siendo más fuertes en un mundo imperfecto. Esto es muy cierto respecto a los líderes. Su capacidad de recuperación es lo que les permite alcanzar sus metas y realizar su visión. Esto lleva al factor Wallenda. Poco después de que el gran equilibrista Kart Wallenda muriese en 1978 como consecuencia de una caída sufrida mientras realizaba su actuación más peligrosa, su esposa, también equilibrista, dijo: “Durante meses antes del accidente, en lo único que Kart pensaba era en la posibilidad de una caída. Era la primera vez que pensaba en eso y me parece que centró todas sus energías en no caer, en vez de en caminar sobre el alambre”.

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